jueves, 13 de febrero de 2014

El ayer desde el hoy



José Javier Reyes

El ayer desde el hoy




 



Para Soco, 21 años después


1
Nos conoceremos en la previsible soledad
un día sin recuerdo ni color, como el agua
nuestros ojos atrapados como peces,
como cíclidos que bucean en ataúdes de cristal
Tu ropa estará bordada de jardines
de una flora innominada
carente de algas o lirio acuático
porque no conoces el mar

Mi ropa estará empapada de preguntas
Pero me desnudaré sin respuestas
con un pavor devónico
con el deseo petrificado en mis manos
Mar de sal de roca, mar sin agua

Será un invierno disfrazado de primavera
el 13 de febrero de cualquier año
Una tarde que debió ser una noche
un día eterno en una calle inexistente
en una casa mutilada






2
Leeré las líneas de tu cuerpo
para adivinar el futuro:
Tú me dirás que me quieres y esperarás un no distante
viajero de la luz y del recuerdo
Yo temeré al Nosotros
que nos reunirá desde ese momento
Caminaré hacia ti como el destino ineludible
sólo así sabré que no existe el destino
que podemos escribir nuestro pasado
con ganchillos de caligrafía
o textos en lenguaje de máquina
El presente es nuestra cárcel, nuestro empeño
No hay más futuro que el que hoy recuerdo




3
Tendremos un hijo que nos llevará al mar
el mar elusivo, encubierto por la bruma
y aprenderemos a verlo
a palpar el latido de los erizos
Predigo que el ansia vespertina
arrojará peces en nuestras venas
Carpas insumisas en la voz, pirañas sonrosadas

Luego vendrán los ajolotes
En oleadas de branquias
con pulmones a medio hacer
y manos de embrión
sonreirán con dientes de arena
no les importará la luz
sólo el aire que apenas intuyen

Y ese hijo nos salvará de la extinción
pero no del verano
Poblados por espectros, medusas
cubiertos de percebes solos
rodeada de anémonas nuestra gruta
habitados por cangrejos ermitaños
viviremos un hambre de presencias
y de voces
seremos carbón y diamante
y peces disecados.




4
Aprenderemos a querer la aflicción
la que te habita y me recorre
la que te ciega la garganta
la que me aprieta los ojos
la que me hace sangrar silenciosamente

La única enfermedad que nos corroe es la vida
no creemos en la plaga ni en los astros
congelamos la vida en mortajas de sal y carbonato

Aprenderemos a ver el bien en el mal
y a iluminar la cara horrenda del amor

Y a encender una lámpara de aceite
esperando que se apaguen las estrellas



5
Leerás mis poemas como mensajes del futuro
historias inconclusas sin héroes ni moraleja
profecías de lo que ya ocurrió
del hecho profundo, del acto sin data
ni memoria

Dejaremos de creer en Dios
                               en los dioses
Para adorar a la fauna submarina
y sus plantas inmóviles
Las deidades se extinguirán
como estrellas, como fogatas
El odio se disipará con ellas
y dejaremos de creer en el infierno:
sus llamas se irán desvaneciendo

Y el cielo se desplomará sin ruido
los ángeles escaparán
                   lisiados del aura
Nuestras almas sin cadenas
descubrirán que no existen,
que no existe el amor sino la mar inquieta





6
Nos hablarán desde la tumba
pero no sabremos qué decir:
que no vamos a habitarla aún
que no espere mucho de nosotros,
que no llenaremos su boca insaciable
Que la vida es una isla rodeada de muerte
-ya antes lo dije-

Aguardé mucho a que llegaras
Ahora tendré que abolir la muerte.


México DF, 11 de febrero - Mérida, Yucatán, 13 de febrero de 2014